Siete razones por las que este año sí vas a cumplir tus propósitos

“Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo”. La esencia de esta frase de Mahatma Gandhi es la que año tras año hace muchas personas se hagan propósitos para mejorar su vida y sentirse mejor. Aprender inglés, dejar de fumar o apuntarse al gimnasio son algunos de los más frecuentes. Y los que antes se abandonan. Y es que cambiar es más sencillo que mantener esos nuevos hábitos en el tiempo.

“Es muy útil saber en qué fase se encuentra uno para lograr alcanzar dicho cambio”, afirma la psicóloga María Gutiérrez. Antes de plantearse un objetivo, las personas pasan por varias etapas. La primera es querer cambiar: “Uno empieza a plantearse que sería interesante poder cambiar cosas de su vida. Algunos nunca llegan a concretar cuándo y cómo se haría”.

La procastinación es el peor enemigo de la personas con iniciativa, ya que es la culpable de que, una vez tras otra, se posponga el objetivo para el mes que viene: “Probablemente gran parte de las personas que plantean propósitos y los abandonan al poco tiempo no logren pasar a la siguiente fase”, confirma la experta.

“Además de la intención de cambiar, se hace una planificación de cómo va a llevarse a cabo el cambio en los próximos meses. Por ejemplo, se piensa en preguntar precios en el gimnasio, uno puede comprarse una agenda, pensar en un método de ahorro (como el Kakebo japonés). Hay que crear una organización mental y unos pasos para hacer lo que uno se ha propuesto”, relata la experta. Planificadores o calendarios pueden ser de gran ayuda para marcar los retos.

Y es que según desveló el último Barómetro Cofidis de la Ilusión, hacer un viaje, cuidar la alimentación, dedicar más tiempo a la familia y mejorar son los retos que se han marcado los españoles este último año.

La impaciencia, marcarse metas irreales o que obliguen a desviar mucho los hábitos rutinarios son los ‘culpables’ de que fracasemos una y otra vez. María Gutiérrez nos desgrana siete claves para que la buena intención no se convierta en frustración:

  • Que el deseo sea propio. Si el deseo o la motivación vienen propuestas por el entorno, habrá más probabilidades de que se abandone en un corto espacio de tiempo.
  • Buscar compañeros de “propósito”. Si no sólo yo me propongo un objetivo, sino que además tengo un “acompañante” esto puede ser un beneficio de cara a que si aparece la pereza o las ganas de abandonar, la otra persona pueda ayudar en el mantenimiento.
  • No suponga una modificación muy grande en nuestro estilo de vida. Normalmente tendemos a la “homeostasis”, a mantener unas rutinas en nuestra vida. Si el propósito para el nuevo año supone salirse de manera abrupta de nuestras rutinas, dificultará su mantenimiento a largo plazo.
  • Ver resultados a corto plazo. Somos seres humanos que vivimos en un mundo donde cada vez “lo inmediato” lo valoramos más, y si no se ve ningún beneficio a corto plazo de lo que estamos intentando cambiar, probablemente se acabe abandonando.
  • Personalidad: hay ciertas características de la personalidad que ayudan a que consigamos mantenernos en nuestros propósitos. Las personas que tienden a ser constantes, organizadas, y exigentes consigo mismas en otras áreas de sus vidas, tendrán más probabilidad de mantenerse en la acción.
  • Confianza en uno mismo: “creer que el objetivo es posible” y que “soy capaz de alcanzarlo” hace más probable que nos acerquemos a él. Si marcamos objetivos poco realistas o inalcanzables, o en los que sintamos que no vamos a ser capaces de conseguir, nos estaremos alejando de la posibilidad de al menos iniciar un cambio.
  • Observar el estado emocional y darse permiso para “salirse del plan” unos días. El estado emocional de cada persona puede producir que la motivación baje, y por ello, es importante entender y observar cómo me siento. Si me encuentro que llevo una semana bastante triste, probablemente mi interés por las cosas haya disminuido y también en los objetivos que me propuse. Si consigo darme permiso para tener algún día de “descanso del plan”, podré retomarlo después con más energía. Marcarse un objetivo no implica una acción de todo-nada: o lo hago todos los días o lo abandono para siempre. También es importante encontrar un equilibrio en el que pueda haber días que se cumpla y otros que no, pero lo importante es que se mantenga a largo plazo.

Fuente: El Mundo

Autor: Sara Montero

Imagen: Shutterstock

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