Enseñe a su hijo a reírse de sí mismo y será un superhéroe

Aprender a aceptar las bromas forma parte de la madurez emocional y aporta a los niños una fortaleza necesaria en los vaivenes de la vida escolar.

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Cuanto antes aprendamos a reírnos de nosotros mismos, mucho mejor. “Un niño que sabe asumir una broma, que comprende el sentido literal y figurado de las cosas, suele ser más seguro de sí mismo y también más asertivo y valiente”, asegura Rosario Ortega Ruiz, catedrática de Psicología en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Córdoba. Esa facultad para tomarse las cosas con humor no solo le preparará para llevar una vida adulta plena, satisfactoria y en definitiva más feliz; también puede convertirse en una especie de capa protectora frente a situaciones complicadas de la vida escolar.

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Tener pocos amigos no es de ser rancio, sino más listo que el resto

Una larga lista de amistades nos hace sentir importantes; un reducido grupo, felices. Es lo que prefieren los más inteligentes. Y los expertos les dan la razón.

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Desde que irrumpieran las redes sociales hace una década, el modo en que nos relacionamos con otras personas ha cambiado. Si no hace tanto, hablar con un familiar que se encontraba en el extranjero era una odisea e implicaba dejarse parte del sueldo en el proceso, ahora es posible hacerlo desde cualquier parte del mundo y a cualquier hora de manera gratuita, siempre que se disponga de una conexión a Internet. También es posible saber cómo le va a ese amigo del colegio al que hace años que no ve, y a aquel compañero de trabajo del que se acabó distanciando.

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«Solo se necesita un minuto para empezar a ser feliz, siempre que se lo ordenemos a nuestro cerebro»

No hay recetas para ser feliz, tampoco lo seremos con más dinero. Si quiere llenar su vida de bienestar, es hora de buscar en otro parte: adentro suyo.

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Matthieu Ricard es el hombre más feliz del mundo. Es francés, se crió rodeado de grandes como Buñuel, Bresson o Stravinsky y tiene un doctorado en genética celular. Un día dejó todo, se fue al Himalaya y se hizo monje budista. Científicos de la Universidad de Wisconsin se dedicaron a estudiar el cerebro de Ricard. Crearon un índice de felicidad donde la media era 0.3. A Ricard le dio 0.45. Sorprendente, ¿no? Sigue leyendo